16/11/08

ramadama



Una rama la había detenido, ya cerca del próximo descampado.
Sus manos acusaban el cansancio de abrirse paso entre arbustos y múltiples enredaderas a orillas del bosque.
Impedida de progresar en su avance, debió levantar la pierna derecha para hacer bajar la rama que entorpecía, justo cuando una voz pronunció su nombre: "Princesa, Princesa, me oís ?".
Esa voz la paralizó por unos instantes -pocos y suficientes- como para permitirle reconocerla. "Alguien me llama a mí! "Reconocería esa voz incluso dormida", pensó.
La tensión del pie sobre de la rama, no le impidió aguardar unos segundos hasta dar con el nombre de aquél que le hablaba. En un pequeño movimiento entonces, estiró el brazo y recogiendo el teléfono que sonaba, dijo: "Hola ?...."
Conversaron amablemente, cuando la dama reparó en la lámina de un libro abierto al costado de la cama; lámina con un bosque dibujado, mientras su pierna -en lo alto- la volvía nuevamente al bosque... hacia el descampado.

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