11/11/08

la luna al sol

Con el rostro absorto, como si le atrajeran otras tibias atenciones, lo oyó describir el amor que le guardaba.

La distraían razones que jamás podría describir: sensaciones muy internas: climas adolescentes: avatares de la identidad.
Pese al torrente de palabras, parecía hacer la misma pausa que se permiten los actores tras la irrupción de los aplausos.
Se sentía como en la ducha, abrazada y envuelta, mientras en el cuarto la aguardaban sin celos.

Podría entonces caminar con pasos firmes, como si supiera que quien decide ser hallado, decide el tesoro y el hallador.
Sabía -y eso la acompañaba- aquello que los hombres no podían conocer.
Eso cambia a las mujeres, las hace sentir hombres.

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