25/10/08

asi


el sol avanza

haciendo las horas

iluminando su propia

acción en la mañana.

también,

torna evidente tu propio barniz

bajo el cual

cada día es una capa

sobre el rostro de la hendidura

donde la piel

se olvidó de respirar

24/10/08


Moler Dholer

CAPITULO I
Los contornos de la oscuridad

A medida que las luces se apagaron, el murmullo se animó a descender entre las filas, para aparentemente cerrarse ante el telón que, a su vez, dividíría a la realidad por mitades.
Quizás, también, la multiplicara.
Que las luces se apaguen, debería invitar a un desorden continuo, irreverente, desvergonzado. Sin embargo, la disposición de todas las butacas en una misma dirección, por filas, ausentan al hombre al transformarlo en espectador.
Ante el ocaso, como pequeñas cascadas, cada mirada sorteó a la anterior y, habiéndose sorteado a sí misma, descendían fatigadas hacia la búsqueda un telón para saciar la incerteza.
A la oscuridad le siguió el negro, esta vez, del decorado. Un foco fluorescente colgaba en el centro de la escena, intentando arrebatar la atención del público. Perdida quizás, en el propio telón corrido entonces.
Decenas de bocas cerradas acompañaron la aparición del primer movimiento que en ese denso espacio de luz azulada, hizo visible una magnífica cabeza de dragón, toda resplandeciente, dando inicio así a la función ciento doce del aclamado ciclo de Teatro Negro Kurayami.
Al número de funciones, él le sumaba la de los ensayos (más de cuarenta días). Por entonces se repetían los problemas técnicos como la densidad de la luz, la superposición de figuras y la profundidad de los cuadros.
Ya estrenada la obra, se dedicó a actuar displicente y de memoria el recorrido paralelo de los muñecos, los saltos improvisados desde tarimas que tanteaba con la punta del pie o el rápido intercambio de figuras dentro de la misma escena.
Moler Dolher se cansó. Se cansó rápido, o si se quiere, la oscuridad dejó penetrar el reproche: sus años en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático no podían quedar reducidos a una inútil representación a ciegas.
Detestaba la obra, tanto como detestaba su suerte. Mientras el dolor transformaba su participación en cada escena en un fastidio incontenible, crecía dentro de él, el cansancio de la expoliación, y al mismo tiempo, la violencia en la crítica.
Ya no preferiría la opción de hacerse a un costado, renunciar a todo, apartarse como quienes buscan claridad. Quería expresar su disgusto, gritar su desazón. Fue allí cuando empezó a detestar la obra, dedicando cada función a burlar a los espectadores aprovechando la oscuridad del escenario.
Llevándose la mano adelante y embolsando los huevos, ofrecía al público su propio espectáculo. Lo entretenía pensar en abrirse el pantalón, aunque las blancuras de la piel, irremediablemente conspiraran con su producción independiente.
Entonces, se contentó con sacar su lengua, sacudir exceso el trasero o elevar el dedo medio en posición vertical, para poner en evidencia el encono, su desdicha.
Mientras en una función vespertina exhibía esos gestos groseros, desde la primer fila un espectador aburrido del folclore chino, lo puso en evidencia ante propios y ajenos, al iluminarlo con una mendaz linterna de juguete.
Allí, convino con Freud: "La curiosidad, es un desafío del juego infantil. El hombre mayor, se sujeta cómplice al espectáculo que la vida le ofrece. Se contenta con ello, y muere.".

23/10/08


22/10/08

el sol con luz





...subi,
subí para cambiar el nombre al sol,
y en ese certero devenir,
fuera de mi,
me despojé de cada palabra pronunciada,
de todas las razones,
de veces,
de rutinas escupiendo tintas al pedo,

hasta convertirme en luz,
esto es,
en aquello que torna visible los colores ajenos...






La vista parece recorrer la superficie de un cuadro, sorteando ya la distancia entre ella y la obra. Omite reparar en el marco y nada advierte en torno a cada vértice, ni se interroga por la lejanía.
La vista detecta el centro. Hace su observación en el círculo invisible dentro del que convergen las diagonales. Allí está la esencia, se dice.
Los hombres tergiversan esa mirada, de una manera inferior que el artista.
Un pintor, el escultor -por caso- ejercen una tarea de permanente reducción del caos. "Asimilación de la realidad dispersa", le llaman. Profesan su gracia fuera de ángulos opinables, de rectas infinitas. Desprecian el cientificismo.
Despliegan su discurso en la gestación de sus obras. Cumplida ella, asisten a su despedida.
El artista exhibe sólo una mutación del instante, pinta el tiempo con colores, desgrana una sutileza, ilustra una melodía, esculpe la tibieza de un temperamento, la primera exhalación del último dolor.



21/10/08

"Tránsitos"

Camina.
Algo se desliza bajo tus piés
vestido
de lentitud.

Son los cordones que ajustaste
los que reclaman el esfuerzo.

Vuelve a empezar

20/10/08

Horizontes



¿ Te imaginás apoyar los pies sobre una pequeña playa de césped, ver el río y despegar de la córnea un montón de letras de imprenta ?
¿ Te imaginás reducir los sonidos al canto de un ave, al agua yendo o volviendo, y al viento ?
¿ Te imaginás al sol emocionando nuestra piel y revolviendo el perfume de la mañana hasta dejar impregnadas las prendas ?

Lugares

Allá: borde, contorno, perímetro, confin.

márgen límite, orilla

Acá: silencio, olvido, verguenza,

traición, acás y allás.



Lugares