23/2/09


Luego de despedirse, recorrió la acera hacia la otra esquina.
Prefería las calles a las grandes avenidas, los barrios al tránsito, los flecos en el pantalón, al dobladillo con hilo invisible.
Casi un paso atrás, la seguía el pelo suelto, y dentro del morral, perdido entre las hojas de un libro de Deleuze, una carta de amor, hecha origami.

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