7/5/09

allí, acá



Tomó el martillo para incrustar con cada golpe una muesca de su propio ser.
Temía que la furia y el gélido cinsel se confundieran en un cuerpo único.
Hubiera bastado la sorpresa antes que un regalo, o el primer vestidido de piqué o una mano arropando la desolación...

1 comentario:

Anónimo dijo...

me aturde tocarme el alma