9/2/10

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octubre II



Se sentó enfrente, sin siquiera desprenderse del sobre con cierre que llevaba a cuestas. Contestó con su impotencia al cortés “buenos días”, y no faltó mucho para sucumbir en un llanto que, en rigor, tenía hundido en su garganta desde hacía días.
Le explicó con detalles, que las circunstancias abanderan sus mañanas, que se arma de conjeturas en lugar de motivos, que se inventa zanahorias a las que corre con estímulo, que extraña la playa de octubre en la que hacer silencio o ver la arena retener sus dedos.
No descansaba.
El sobre con cierre en su mano delata la próxima urgencia.
Se descarga. Debe hacerlo. Todavía no llora el llanto que tiene adentro.